Pasamos la tarde viendo películas de miedo, ya que a los dos nos encantan.
-No entres ahí, no entres ahí- dije, y acto seguido me llevé un susto- ¿Ves? Ya te han matado. Te lo había dicho, si no, no haber entrado ahí.
-Anna, ¿por qué le hablas a la tele?- se reía de mis ocurrencias y eso sabía que me picaba mucho.
-¿Qué tiene de malo? No es mi culpa que pongan a personajes tontos en este tipo de películas- respondí fingiendo estar enfadada.
-¿Te he dicho que estás preciosa cuando te pones así de infantil?- me dijo acariciándome la cara con ternura.
-Sí, pero me gusta que me lo repitan- respondí acariciando la mano que tenía apoyada en mi cara.
-Jajaja ya veo- me besó con ternura.
Seguimos viendo la película hasta que acabó y cenamos en mi casa entre caricias y bromas. Cuando acabamos, fuimos a tomarnos un helado fuera. Fuimos a un parque cerca de mi casa, y nos sentamos debajo de un árbol, él apoyando la espalda en el árbol y yo apoyando la mía en su pecho. No teníamos miedo a que nos viera nadie , ya que era de noche y no había mucha gente por ahí. Sólo nos iluminaba una farola que se encontraba cerca de ahí. Nos terminamos el helado en silencio y escuchando el latido de nuestros corazones.
-Voy a tirar la tarrina- estaba levantándome cuando me sujetó del brazo evitando que me levantase. Caí encima suya.
-¡Cómo pesas Simon!- me dijo picándome.
-Ahora te aguantas, eso te pasa por tirarme- le saqué la lengua burlándome de él.
-Pues ahora no te vas a levantar- dijo sujetándome los brazos,
-Eso que te lo crees tú- salí corriendo todo lo que mi cuerpo me permitía y fui a tirar la tarrina. Miki también la tiró y luego salió corriendo detrás de mí hasta que me alcanzó y caímos en el césped, él encima de mí. Nuestros labios estaban a escasos centímetros de distancia. Su pecho estaba apoyado en el mío, por lo que pude sentir los latidos de su corazón. Me miraba a los ojos con una ternura que hizo que me sintiera la persona más afortunada del mundo.
-Eres preciosa princesa
No puede aguantar más y acorté la distancia que separaba a nuestros labios, juntándolos en un beso lleno de ternura y amor.
Estuvimos un rato más besándonos y mirando las estrellas apoyada en su pecho.
Cuando llegamos a casa eran las doce y media, estaba cansada y mañana había programa. Vaya- pensé.
-Gracias por hacerme pasar una de las mejores noches de mi vida.
-Gracias a ti princesa, por existir.
Lo besé como si me fuera la vida en ello, un beso apasionado y lleno de sentimientos. Llegamos a la cama y estuvimos acariciándonos. Al cabo de un rato me tuve que separar, ya que se me cerraban los ojos y no paraba de bostezar. Eso le hizo gracia a Miki, cosa que no entendí, ya que pensaba que tenía ganas de juerga (ya me entendéis).
-Vamos a dormir princesa.
-¿No estás enfadado?
-¿Por qué iba a estarlo?
-Porque te he cortado el rollo jajaja- y me sonrojé como si fuera una adolescente.
-Jajaja no te preocupes, habrá muchas más noches. Y con tenerte a mi lado, me vale de sobra.
Estas últimas palabras me hicieron quererle más si cabía. Me levanté para ponerme el pijama, pero por poco me tropiezo. Miki se rio, y me cogió en brazos para luego posarme en la cama. Fue en busca de mi pijama, y me desvistió lentamente, produciéndome escalofríos. Luego me lo puso, y cogiéndome como a una niña pequeña, abrió la cama y me metió en ella delicadamente para luego taparme con la sábana. A continuación se metió él, apagó la luz de la mesita y me abracé a él. Lo último que recuerdo antes de dormirme fue lo que me dijo en un suave susurro "Te quiero".
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